
En mi cuarto no hay nada, absolutamente nada, que me permita estar exenta de ti, de tu olor, tu fragancia… Tu calidez y semblanza.
No hay nada que me de libertad de no pensarte, de no recordarte. Busco algo, al menos una cosa que me motive a olvidarte y no encuentro nada.
Te apoderaste de mi cama, dejaste rastro en todas las partes posibles e imposibles donde vaya. Te sentaste en los detalles y te aferraste a cada parte de mi vida y me arrastras a tu recuerdo cada día.
Me resulta inconcebible la idea de dejarte ir, pero más intolerable es para mí no tener independencia de mis sentimientos, de mis deseos, de mis recuerdos y esos momentos en los que quisiera hacer de todo y más, menos esperar tu regreso.
Pero es así… huelo a ti. Mi perfume es tu aroma impregnado en cada molécula de mi piel, mi mirada es tu iris que penetra cada fibra óptica que me permite ver.
Eres tú ese elixir de vida q me acompaña y me da fuerzas para continuar. Eres un sorbo de agua viva, refrescante, que me induce a seguir bebiendo y aun así, a no perder la sed.
Eres tú quien me invita a amar cada vez más y más...
Divagancias... Soy sólo yo, divagando una y otra vez...
Sí, de acuerdo… Te extraño…
Y entonces… ¿a quien se supone que engañamos?
Si estás siempre latente, si por más que lo intentes de mi lado no te puedes ir y de ti me cuesta prescindir…
Sí, es cierto, te amo… Te amo tal cual, me amas tú a mí…


